Un aceite extraordinariamente versátil que la naturaleza tropical peruana nos regala. Prensado en frío para conservar todos sus nutrientes. Tu aliado en la cocina, el cuidado de la piel y el cabello.
El aceite de coco virgen se obtiene prensando en frío la pulpa fresca del coco maduro, sin aplicar calor ni solventes químicos. Este proceso preserva intactos todos sus ácidos grasos, vitaminas antioxidantes y compuestos bioactivos que el refinado industrial destruye.
A diferencia del aceite refinado —blanqueado, desodorizado y procesado con calor—, el aceite virgen conserva su aroma natural a coco, su color blanco cristalino y toda su capacidad nutritiva. Es la versión más pura y beneficiosa que existe.
Nuestro aceite proviene de cocoteros del valle de Tarapoto (San Martín), una zona de clima tropical ideal donde los cocos alcanzan su mayor concentración de ácido láurico, el principal responsable de sus propiedades.
Un solo aceite con múltiples usos y beneficios comprobados para tu salud, tu cocina y tu rutina de belleza.
Sus ácidos grasos de cadena media penetran las capas de la piel sin obstruir los poros, aportando una hidratación duradera. Ideal para piel seca, codos, rodillas y labios.
Penetra el tallo capilar mejor que cualquier otro aceite, reduciendo la pérdida de proteínas. Combate el frizz, aporta brillo y protege las puntas dañadas con uso regular.
Su alto punto de humo (177°C aprox.) lo hace ideal para saltear, hornear y cocinar a temperaturas medias sin oxidarse ni generar compuestos dañinos como otros aceites vegetales.
El ácido láurico se convierte en el organismo en monolaurina, un compuesto con potente acción contra bacterias, virus y hongos como la Candida, apoyando las defensas naturales.
Los triglicéridos de cadena media (MCT) se metabolizan directamente en el hígado como combustible, proporcionando energía inmediata sin almacenarse como grasa de manera preferencial.
Favorece el equilibrio de la microbiota intestinal, reduce la inflamación de las mucosas digestivas y facilita la absorción de vitaminas liposolubles (A, D, E, K).
Enjuagarse con una cucharadita durante 5–10 minutos elimina bacterias bucales, reduce la placa dental y combate el mal aliento de manera natural, sin flúor ni químicos.
Sus vitaminas E y polifenoles neutralizan los radicales libres responsables del envejecimiento celular, contribuyendo a una piel más firme, elástica y luminosa con el uso regular.
Su versatilidad lo convierte en un producto para prácticamente cualquier persona. Identifícate con alguno de estos perfiles.
Una alternativa natural a aceites vegetales refinados para saltear, hornear y preparar platos sin comprometer el sabor ni la salud.
Si tu piel necesita hidratación constante o reacciona mal a cosméticos con químicos, el aceite de coco virgen es una opción limpia y efectiva.
Ideal para tratamientos de hidratación capilar profunda, mascarillas, protector térmico y sellado de puntas. Resultados visibles desde la primera aplicación.
Los MCT proporcionan energía rápida antes del entrenamiento y apoyan la recuperación muscular post-ejercicio sin picos de azúcar.
Una alternativa vegetal a la mantequilla para untar, cocinar y hornear, con un perfil de grasas más favorable para la salud cardiovascular.
Suave y natural para hidratar la piel delicada del bebé, aliviar la dermatitis del pañal y como base de masajes relajantes sin químicos agresivos.
Resolvemos las dudas más comunes antes de que tengas que escribirnos.
Cuatro formas de incorporarlo a tu rutina diaria desde hoy mismo.
Usa 1–2 cucharadas para saltear verduras, sellar carnes o sustituir la mantequilla en repostería. Aporta un sutil aroma a coco que realza los sabores.
Aplica una pequeña cantidad sobre la piel limpia y húmeda. Masajea suavemente hasta absorber. Ideal para cuerpo, cara, codos, rodillas y labios resecos.
Calienta entre las manos y aplica desde medios a puntas. Deja actuar 20–30 minutos (o toda la noche) y lava con normalidad. Úsalo 1–2 veces por semana.
Pon 1 cucharadita en la boca en ayunas, enjuágate durante 5–10 minutos y escupe. No tragar. Repite 3–5 veces por semana para salud bucal óptima.